miércoles, 22 de diciembre de 2010

los pajaros de origami no vuelan sin mi ayuda


Sentada en mi cama matrimonial para una sola persona, me doy cuenta cuan rápido paso un año.

Mi cama y yo solo empezamos a vernos desde mediados del verano, yo venia de pasar de por una depresión y no sabia cuan rápido me enamoraría de ella.

Todo el verano no había pensado en mas que en mi famoso escape.

Llegue y me sentí en casa, por mi ventanilla vi las luces de London, llegue tarde, y una sonrisa desconocida, me dio la bienvenida.

Pensamiento extraño sentirme en casa, sin saberlo el famoso escape seria solo una historia.

Camino unos diez minutos antes de llegar a mi nueva casa, (aun siento que diez minutos es mucho)

Ella ahí esperándome, al principio le tenia algo de miedo, timidez normal como en cualquier otra relación, poco a poco me hizo sentir segura, ella sabe cada vez mas de mi, me conoce bien.

Ella lo ha visto todo, ahora que se que soy yo, sin timidez, sin un velo, me hago dueña del espacio, tengo un nuevo lugar favorito.

Es tan grande el lugar que a veces me olvido de usarlo, se que es mio y no lo quiero dar por sentado.

Me siento ahí, mi pequeña oficina, duermo en el otro lado, trato de mantener un orden, todavía no encontrado.

Hace solo dos semanas que estuve pensando en dejarlo, salir corriendo, como suelo hacer cuando siento que las cosas se vuelven muy cómodas.

No son cuatro paredes, (realmente no lo son) no es solo una ventana, se ha vuelto mi casa.

Pero la fantasía ha llegado a un punto en el cual parece no haber reservas.

Es real existe, pero parte mía, se esta de ida sin mi.

No quiero perderme entre esa cama y las contratos de teléfono por dos años.

Se puede volver casa de una manera equivocada.